El día de La Paz,… ¿o no?, por María Rosa Carrillo

 

Érase una vez un curioso inocente que preguntó:

-¿Qué es La Paz?

Y también hubo el estudioso que le contestó, con un diccionario de la RAE bajo el brazo:

  1. Situación en la que no existe lucha arma-da en un país o entre países.
  2. f.Relación de armonía entre las personas, sin enfrentamientos ni conflictos.
  3. f.Acuerdo alcanzado entre las naciones por el que se pone fin a una guerra. U. t. en pl. con el mismo significado que en sing.
  4. f.Ausencia de ruido o ajetreo en un lugar o en un momento.
  5. f.Estado de quien no está perturbado por ningún conflicto o inquietud.
  6. f.Rel. En el cristianismo, sentimiento de armo-nía interior que reciben de Dios los fieles.
  7. f.Rel. En la misa, saludo que toda la asam-blea se ofrece mutuamente como signo de paz y reconciliación.
  8. f.portapaz.

-Vaya, pues entonces sí que me decía algo mi hermano mayor, cuando quería que lo dejara en paz. Aunque, ahora que lo pienso, sigo sin entenderlo: ¿para qué celebrar algo con lo que finaliza una pelea entre fraternos?

El otro, al escucharlo, dándose cuenta de que lo había oído, puso los ojos en blanco.

-Señor, ¿quién nos librará de la ineptitud humana?

Dio media vuelta y continuó el camino por la calle. El curioso se había quedado boquiabierto: no sabía qué significaba ineptitud. Acto seguido, observó cómo el estudioso se topaba con otro de igual talante y se estrechaban las manos. Al poco tiempo comenzaron a conversar, pero justo cuando iba a desviar la vista para no ser indiscreto, los hombres empezaron a discutir acaloradamente. Uno aseguraba, a voz en grito, que la mayor necesidad para la comunidad científica era la construcción de un nuevo y más moderno acelerador de partículas, para algo que el curioso entendió como el estudio de las “mesonas”, relacionado con el origen del universo. Por su parte, el torcedor de sus sentidos oculares defendía la apremiante necesidad del descubrimiento de un planeta con vida y, para ello, era primordial la elevación de un revolucionario observatorio astronómico, con mayor alcance y posibilidades para su objetivo.

Ante esta escena, el curioso dijo:

-Pero, La Paz…

Tal fue su ensimismamiento que unas palabras acudieron a su mente: si quieres tomar conocimientos de la vida, pregúntale al anciano y pobre, que, aunque olvidado, las grandes verdades en su ente no escatiman.

Sumido en estas cábalas, tropezó con una caja, y, por unos centímetros, no se estampó contra el suelo: un anciano lo había sujetado por el pescuezo. Cuando se recompuso de su reciente caída, observó con interés los bártulos que se amontonaban ante él. Había artículos de todo tipo e índole. De entre ellos, destacaba un pergamino ajado y amarillento por el transcurso de los años, expuesto la humedad y otros agentes degradantes de la materia celulosa. Este reposaba en el regazo desaliñado y poco aseado de un señor bastante entrado en edad, que lo miraba con furia y una leve inquisición.

-Ha estado a punto de estropear uno de mis más preciados ítems. Si desea adquirir algo, hable, y, si no, váyase inmediatamente de mi presencia.-advirtió con aspereza el propietario del tenderete.

-Esto…lo siento.-se disculpó tímidamente el curioso.

-Bueno, no te preocupes.-añadió precipitadamente el otro.

Acababa de percibir como el zumo salado descendía por las mejillas jóvenes de aquel niño de ocho años, poco acostumbrado a tantas emociones sucedidas en un corto lapso de tiempo.

-Es que…no sé lo que es La Paz.-gimió entrecortadamente el niño al final.

La mirada del anciano se iluminó al oír aquel término. Había tenido una estupenda idea: le regalaría aquel manuscrito, que había heredado como único sucesor de su familia, del que no sabía cómo deshacerse, pues nadie quería comprárselo a pesar de su evidente importancia. Además, no deseaba que siguiera la angustia de ese joven.

 

-No llores…Tengo la solución a tus problemas, aquí se explica qué es La Paz. Te lo doy gratis.-lo consoló mientras le entregaba la susodicha reliquia.

 

El niño lo leyó, se lo agradeció, y aunque entonces no comprendió por completo su mensaje, lo guardó como oro en paño, y, más tarde, ya mayor, cuando lo entendió, él se la dio a sus hijos, estos a los suyos… Para terminar, llegó a mí, a través más de la mente que de fuente escrita, y así yo os lo transmito:

 

Por un goliardo disidente con la opinión de su gente

 

A mí no me parece correcto

lo que dicen los de mi gran gremio,

La Paz no es descontrol, sin razón,

esto para los más alocados.

O ausencia de conflictos armados

propios de militares osados.

Yo os diré lo que pienso en verso,

La Paz es un bebé, que va riendo,

jugando, ausente de lo presente

y presente de lo ausente,

que ignora los humanos prejuicios

ni siendo pobre ni siendo rico,

si acaso lo es de amor,

sustento de infantil, pueril y adulto corazón.

“Esperando que en el futuro nadie se vea obligado a romper su paz, todos sigamos siendo uno de esos bebés por dentro y la utopía se convierta en una pesadilla, que se olvida tras la siniestra tormenta de la realidad, que aguarda impaciente el sueño, para librarse de su propias cadenas e imaginar.”

Advertencia: a veces lo que les resulte extraño o equívoco puede llegar a ser lógico si se investiga y se cambia el punto de vista.

1 opinión en “El día de La Paz,… ¿o no?, por María Rosa Carrillo”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *