María de la O Lejárraga García, una escritora en la sombra

MARÍA DE LA O LEJÁRRAGA GARCÍA

Como el reloj de sol que sólo señala las horas serenas

María Lejárraga

“Lo mismo que el fuego fatuo,
lo mismito es el querer.
Le huyes y te persigue,
le llamas y echa a correr.”. Cuando leemos estas frases nos vienen a la memoria la música y emociones de El amor brujo de Manuel de Falla, sin embargo pocos conocen que tras ellas está la obra de una escritora y política española, María de la O Lejárraga García.

Siendo una de las voces preclaras de la Segunda República Española en favor de los derechos de la mujer, junto con Victoria Kent, Dolores Ibárruri, … aceptó que toda su obra literaria, mientras vivió su marido, fuera firmada, publicada y en el caso de las piezas teatrales, estrenada por éste. La de María es una biografía llena de complejidades psicológicas: intelectual, independiente, luchadora, maternal, esposa abnegada, …

De familia acomodada, nace en San Millán de la Cogolla (La Rioja) en 1874. Su familia se traslada a Madrid cuando ella tenia 4 años, siendo su madre su única maestras hasta los 13 años. Realizó estudios académicos y ejerció de maestra. Desde joven mostró grandes inquietudes literarias, lo que no era bien visto por una sociedad cerrada a la idea de que la mujer se dedicara a las artes y las ciencias.

 

En 1897, con 23 años y ejerciendo ya como maestra, conoce a Gregorio Martínez Sierra, 6 años más joven que ella y sin formación. Su relación comenzó no por una atracción física, si no artística, fue un “flechazo literario”, los dos querían escribir teatro. Se casaron en 1900. Vivían del sueldo de ella.

 

Entre ellos se estableció una relación que tuvo una enorme trascendencia en el mundo literario de la época: fundaron revistas de corta duración, como Helios (14 números entre 1903 y 1904, será la primera revista poética de importancia en la España del siglo XX, siendo Juan Ramón Jiménez el “alma” de la revista) y Renacimiento (10 números), en las que escribieron nombres como los de los hermanos Machado, Juan Ramón Jiménez, Benavente, Pardo Bazán, Pérez de Ayala, Unamuno, Rubén Darío,….

 

María dejó su trabajo como maestra, que ejerció durante más de 10 años, y se dedicó a su labor como escritora. Sin embargo, sin revelarlo públicamente, permitió que el esposo firmara e inscribiera en la Sociedad de Autores (de la que éste fue presidente durante un tiempo) como propias las piezas que ella escribiera. María eligió el silencio y la invisibilidad, y esta actitud la justificaba al decir que “pues que nuestras obras son hijas de legítimo matrimonio, con el nombre del padre tienen bastante”.

 

Esta situación se convirtió en muy penosa para María cuando su esposo, productor teatral, comenzó, en 1906, una relación extramatrimonial con una hermosa actriz cubana de su compañía, Catalina Bárcena, a la que conoció mientras ensayaban Primavera en otoño bajo su dirección en el teatro Lara. María no abandona a Gregorio. Se inicia una época en la que Catalina acaparaba los papeles principales de las obras teatrales que escribía María y con las que Gregorio se convirtió en un exitoso empresario y autor de renombre internacional. Su compañía competía con otras, como la de Margarita Xirgu.

 

¿Cómo consintió María este triángulo amoroso y profesional?. Su matrimonio fue un tanto particular: Gregorio, al parecer, de tendencia bisexual era visto por María como un amor al que hay que proteger, y asumió ante él más el papel de madre abnegada y compasiva ante las debilidades de “su niño” que el de esposa despechada. En ese sentido la literatura fue la manera de sublimar su dolor ante el que sería el amor de su vida, que dejó de lado su relación con una mujer intelectual por otra con una mujer más sensual y liviana.

 

El triángulo amoroso y la infidelidad matrimonial se convirtió en un tema recurrente en la obra de María. La nostalgia por la pérdida del amor de su marido inunda sus piezas teatrales y en muchos casos se subraya el fatalismo en las relaciones amorosas, por ejemplo, uno de sus personajes diría “De una mala mujer, nunca se cansa un hombre”. Esta relación matrimonial se prolongó durante años teniendo María, en sus momentos de desánimo, en Juan Ramón Jiménez, en Joaquín Turina, y sobre todo en Manuel de Falla el apoyo de amigos y confidentes.

 

El matrimonio (aunque nunca se divorciaron) se separó físicamente en 1922 con el nacimiento de la hija de Gregorio con Catalina. María, con 47 años, se exilió voluntariamente a una casa en la costa azul francesa, cerca de Niza, en la que vivió hasta 1930. Desde la separación física, María mantuvo una cordial relación con Gregorio, e incluso continuó escribiendo para él hasta la muerte de éste en 1947. Si bien Gregorio requirió en esa época de otros “colaboradores” para mantener su prestigio, como fueron Honorio Maura, Jardiel Poncela, Carlos Arniches, y otros.

 

María se enteró de la muerte de Gregorio por la radio, ya exiliada en Buenos Aires. En su testamento Gregorio no delegó los derechos de las obras a María, sino a Catalina Bárcena. Para ello Gregorio había hecho correr por Madrid el bulo de que María había muerto y así poder pasar Catalina por su esposa. María comentaba “!Por lo visto, me he convertido definitivamente en fantasma!”. Cuando muere Catalina ésta delega los derechos de autor a su hija, Catalinita. Fue sólo entonces cuando María reivindicó la autoría de sus obras. En su libro de memorias Gregorio y yo relató cómo lo que había entre ellos era una coautoría, pero documentos (mayormente cartas entre Gregorio y María) hallados en su legado de Buenos Aires permiten afirmar que, en realidad, era ella la autora de casi toda la obra. Terminó su casi centenaria vida en 1974 en Buenos Aires.

 

El plagio de su marido no fue el único que sufrió María. Famoso es el epistolario que mantuvo con Juan Ramón Jiménez, con el que acabó muy enfadada por el plagio de éste a algunos poemas de María. En otra ocasión, en el exilio, residió un tiempo en Estados Unidos, y para poder vivir llevó un guión a Walt Disney titulado Merlín y Viviana, pero no tuvo noticia del texto. Poco después vio en el cine la película La dama y el vagabundo inspirada claramente en su historia.

 

De la producción teatral de María destacamos: Canción de cuna, se estrenó el 21 de febrero de 1911 en el teatro Lara, y supuso un gran éxito, y el inicio de la carrera teatral de la firma Martínez Sierra. María le escribiría obras teatrales para su marido hasta 1940. En el teatro Eslava se estrenaron o reestrenaron casi todos los títulos importantes de su producción: Amanecer, El arte de amar, La adúltera penitente, Rosina es frágil, Cada uno y su vida, El corazón ciego, Don Juan de España, Mujer, Mamá, Para hacerse amar locamente, El reino de Dios, Sueños de una noche de agosto, La torre de marfil, La hora del diablo, Triángulo, Sortilegio, … Muchas de estas obras triunfaron en España y en los teatros más prestigiosos del mundo: París, Buenos Aires, Broadway,.. y no pocas pasaron a películas., como Canción de Cuna.

 

Junto a la producción teatral encontramos otra, novelística, con títulos como Tú eres la paz (1906), que supuso un gran éxito y que forma parte del trío de novelas largas de la firma Martínez Sierra, con La humilde verdad y El amor catedrático. También escribió numerosos libretos que, en colaboración con los principales músicos y con los escenógrafos más audaces y vanguardistas de la época, dieron lugar a piezas escénicas tan memorables como El amor brujo y El corregidor y la molinera, y el argumento de El sombrero de tres picos de Manuel de Falla; Las golondrinas, de Usandizaga o Navidad, de Turina. Fue traductora de Shakespeare, Ionesco, Sthendal, Sartre, Ibsen o Maeterlink. Durante años, su Granada: Guía emocional fue considerada como una guía de viajes en clave homosexual. Y todo ello aparecía siempre con la firma de Gregorio Martínez Sierra.

 

La otra vertiente humana de María de la O Lejárraga fue su actividad política. Su militancia socialista la llevó a realizar una gran labor feminista y republicana. Se implicó en la revolución porque creía en ella. Labor que la involucró en multitud de iniciativas en la lucha por el sufragio de la mujer. Fue elegida diputada por Granada en 1933, en las primeras elecciones que contaron con la participación de las mujeres, y la búsqueda de la igualdad en todos los órdenes entre los sexos. Fue presidenta de la Asociación de Educación Cívica, dio conferencias en las que promulgaba la liberación de la mujer, y la lucha de éstas contra la ignorancia, los valores tradicionales y la sumisión. Su implicación con el pueblo y la labor de justicia social quedó plasmada en los libros Una mujer por los caminos de España, Cartas a las mujeres de España o La mujer moderna. Durante la Guerra Civil trabajó como agregada cultural en Suiza, pasando la posguerra y Segunda Guerra Mundial en Francia con bastante penuria económica. Finalmente se exilió en Argentina, tras pasar una temporada en Estados Unidos y en México.

 

Años después, recordando aquella actividad dejó escrito: “Yo, con otros, he procurado despertar a muchos desdichados que dormían su hambre y su ignorancia, he contribuido a encender el tizón de la protesta airada en la oscuridad de su inconsciencia. La intención fue buena, más el resultado, no hay para pensar que no ha sido un despertar sino un pasar de sueño a delirio, antes sufrían, eran muchos, sí, sufrían, pero ¿no sufren hoy abominablemente más de las dos terceras partes del genero humano?, ¿valía la pena hacerles despertar?. Muchos de aquellos a quienes intentábamos iluminar han muerto, y me pregunto, ¿habrá caído alguno por mi culpa?. El ideal era mío, no de ellos, que apenas lo entendían, ¿es justo?, ¿es tolerable que muera un ser humano por ilusiones ajenas?”

 

 

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