Quaerere. Por María Rosa Carrillo.

QUAERERE

  1. Las palabras están llenas de falsedad o de arte; la mirada es el lenguaje del corazón.

William Shakespeare.

¿Cómo describir la fuerza de una mirada? El verdadero ciego es el que no ve el alma a su través y el auténtico sordo el que no aprecia la importancia del silencio cargado de ellas.

Para empezar, vamos a adentrarnos en el mundo ocular, directamente relacionado con esas saetas dirigidas por los ojos. Según un criterio cromático, pueden ser:

Marrón: contiene grandes cantidades de melanina.

Ámbar: puede ir de color amarillento a rojizo dorado. Genéticamente se desconoce la explicación para esta coloración.

Avellana: tono intermedio entre el marrón y el verde.

Verde: con moderadas cantidades de melanina. Lo posee un dos por ciento de la población mundial y es originario de Europa.

Azul: tiene escasas cantidades de melanina en la parte anterior del iris.

Es producto del estroma, tejido transparente integrado en parte por colágeno, que se interpone en el reflejo de la luz contra el epitelio del iris.

Sus primeras manifestaciones datan de entre unos 10.000 y 6.000 años, al noroeste del mar Negro, como consecuencia de la mutación de un solo individuo. Se encuentra presente en un ocho por ciento de las personas.

Gris: sin teoría genética probada.

Además de los precedentes,  encontramos otros de muy dudable existencia, entre los que destacan los violáceos, conectados con el Síndrome de Alejandría y con los polémicos ojos de Elisabeth Taylor.

Por último, detallaré a continuación algunos de los que son producto de enfermedades:

Negro: normalmente resulta de la aniridia, una enfermedad que provoca la casi total ausencia del i Representa al uno por ciento de la población, frecuente en personas de reminiscencia africana, asiática e indígenas americanos.

Rojo: es resultado del albinismo, caracterizado por la quasicompleta ausencia de melanina.

Después de este análisis científico nos preguntamos: ¿de verdad es tan importante la tonalidad de la mirada? Comparémoslo con el de la piel, así, desembocamos en: ¿influye en realidad el color? 

  1. La prueba para saber si puedes hacer un trabajo o no, no debería depender de la organización de tus cromosomas.

                                                      Bella Azbug

¿Qué conclusiones obtenemos de la cita de esta gran defensora de los derechos humanos? Que el efecto de una mirada (o cualquier otro tipo de resultado, dependiendo de la situación) no está condicionado en modo alguno con el color de estos. Para verificarlo, recordemos esta curiosa historia, que afortunadamente no fue arrojada a las llamas por la Inquisición, que estaba allende las distancias y, por ende, existía en la época feudal, no muy indiferente a las acciones del vulgo medieval.

Un estudioso se había congregado con Telmo, un hombre que le había encargado la invención de un artefacto capaz de cambiar el color de los ojos (lo que hoy conocemos como lentilla). Resulta que tenía un problema, no conseguía distinguir a sus  gemelos, ergo, habiendo escuchado la celebridad pública  del sabio había acudido con celeridad a él para pedirle lo dicho. El requerido, tras las explicaciones de Telmo, le respondió que al día siguiente acudiera a su presencia pues él le proporcionaría la solución. Pero el erudito, que tenía su habilidad más por fama que por verdad, admitamos, a modo de excusa, que no había atendido a la clase sobre  cristales en su mocedad y, preocupado por la pérdida de su prestigio, se dijo: ¿cómo puedo resolverlo?

Al salir a la calle, un chiquillo chocó repentinamente contra él. Era de mirada altiva, decidida y con tintes de una sagacidad ignorada para quien no cruzará con él sus pupilas en derechura. Iba con un bulto al hombro y lo seguía otro con idéntico aspecto. El primer chico se disculpó apresuradamente y le dijo a su acompañante:

-¡Vamos!

Los dos gemelos desaparecieron tras la esquina. De súbito, Agnus, que así se llamaba nuestro consejero, tuvo una idea.

A la mañana siguiente, Telmo esperaba impacientemente a su “experimentado” interlocutor.

-Buenos días, Telmo.-saludó alegremente el sabio.

-Buenas, buenas.-respondió nervioso el aludido.

-No tengo lo que deseas…, mas…¿por qué no me desvelas la verdad sobre toda esta historia?-le dijo cortante nuestro más zorro que tortuga ignorante.

A Telmo le sobrevinieron sudores fríos y palideció cual copo de nieve, con lo que se formó un auténtico paisaje glacial, capaz de congelar la atmósfera , ya casi irrespirable.

-No…no sé a qué te refieres.

3. “La forma es aquello que puedes tocar, sentir con una cierta certeza. El fondo es la forma del alma, que solo consigues palparla a través de dos mecanismos: el transcurso de una larga amistad sincera y el ínfimo instante del brillo en la pupila de la persona observada.”

-Usted, querido Telmo, está intentando encubrir un acto no muy honroso…

-Cállese, por Dios.-gritó mientras corría las cortinas de la estancia.

-…Y ellos están envueltos en todo esto, ¿me equivoco?-inquirió Agnus.

Ipso facto, posó su mano en el hombro del temblequeante Telmo.

-Sabio, perdóneme. ¿Cómo lo supo?

-Se lo relataré, pero usted me corregirá si erro en algún detalle, por minúsculo que sea.

-De acuerdo.

-Ayer por la tarde me topé con sus hijos y, por raro que parezca, me sorprendió su torpeza para distinguirlos, pues la mirada de cada uno era suficiente para ello. No obstante, no fiándome de las primeras apariencias, decidí seguirlos hasta un edificio cercano y vi cómo se despedían furtivamente, pues uno de ellos, el que confirmó con sus precisos y firmes movimientos la naturaleza ya intuida por su temperamento, trepó valiéndose de una cuerda trenzada al balcón del frontispicio.

Por unos minutos, mientras el de nerviosa y baja mirada se alejaba hacia los aledaños, pensé la posibilidad de una posible  aventura amorosa del joven con una muchacha de la aldea, pero no conseguí acertar a entender por qué lo habría acompañado su hermano. Mis deducciones se convirtieron en hechos fehacientes cuando escuché que, al cruzarse contigo,  te decía …¿Qué fue exactamente?

-La rosa ha vuelto al ramo.

-Sí, esto último destruía la hipótesis de que hubiera acaso cita secreta, pues no era lógica la alusión a la dama del hermano, no siendo precisamente una mujer el muchacho que en la casa se había internado, por lo que, basándome en esto, hallé pronto la solución: nunca existieron gemelos, todo era una patraña para no levantar sospechas sobre ellos. Ahora bien, queda saber el por qué de la cuestión, que espero conocer en cuanto usted vuelva a pronunciar palabra.

-No tengo otra opción sino contar la verdad: mi único hijo, que en mala hora le permití abusar de mi condescendencia, se enamoró de una acaudalada y brava muchacha que, caprichosa, se empeñó en ver mundo, a pesar de las negativas de su celoso padre. Así, lo obligó a prometerle por su honor, que la llevaría a cada una de las islas que circundan este país , cuando su padre viajaba y abandonaba la hacienda por un lapso de tiempo, dejándola al cargo de una sirvienta, que, por cierto, ayuda a la dama en sus travesuras y nadie se lo impide, pues su madre falleció. Así, ayer la devolvía a su casa tras una de sus expediciones  y ella ya piensa en el próximo…¡Qué barbaridad!

-Pero a pesar de tener unos rasgos faciales semejantes, existía una diferencia: los ojos, de ahí la necesidad del invento y la baja mirada de su hijo, intentando ocultar la carencia del verde de los ojos de la muchacha en los azules de este.

-Así es, ¿se lo dirá al padre de la dama?

Agnuñs permaneció pensativo durante un tiempo.

-Vamos a hacer un trato, usted promete que hablará con el padre sobre el matrimonio con su hija y yo le aseguro que esto quedará entre nosotros.

-De acuerdo, mañana mismo cumpliré mi palabra.

Y de esta forma finaliza lo que comenzó con una shakespeareana cita, que no es ni mucho menos mala primera guisa, pues:

¿qué triunfó sino el aventurero carácter de la muchacha, independientemente de su color, el cual no se especifica, a la que un noble chico le dio la oportunidad de volar? ¿Qué prevalecieron más las ideologías de la humanidad o la valentía y arrojo del amor y de la amistad? Desgraciadamente, esto no ocurre siempre, pero si la tenacidad y la disconformidad  de la muchacha y la piedad y la empatía del sabio murieran, nos convertiríamos en unos simples animales que se afanan en buscar riquezas, a instancias de que al lado hay un prójimo, casi sin esperanzas de vida nada más nacer en algunos casos.

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